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Harry Potter Y el secreto de Voldemort
por:Hermy2 Watson

1
LOS ANÓNIMOS

Harry se despertó y miró su reloj. Eran las 11:30 del cuatro de Agosto. Por fin ha llegado el día- pensó. Hacía dos días había recibido una carta de su amigo Ron:

¡Hola, Harry! ¡Feliz cumpleaños! Perdona el retraso, pero es que hemos estado un par de semanas en España y ya sabes que a la pobre Errol no le sienta bien el calor, y no pudo hacer el viaje hasta que se recuperó. Mi madre le preguntó a Dumbledore si podías venir unos días, y dijo que sí, así que dentro de dos días pasamos a recogerte. Iremos en coche, porque mi padre ha conseguido que el ministerio le preste otro.

adiós,Ron

Ron le había regalado una snitch, exactamente igual que con la que jugaban en Hogwarts, para que pudiera entrenarse cuando quisiera. En ese momento otra lechuza, que Harry no conocía, entró por la ventana de su cuarto. Era completamente negra, con los ojos rojos. Harry cogió la carta que llevaba en la pata, y le sorprendió ver que era de Hermione. Como ella ya le había felicitado, la abrió muy extrañado.

Harry, tengo que hablar contigo, es muy urgente. Necesito que me ayudes. ¿Puedo pasar por tu casa dentro de un rato? (Hermione se había mudado hacía unos meses y ahora vivía a pocas calles de Harry). ¡Por favor, estoy desesperada!

Hermione

Harry se quedó perplejo. Vió que la carta estaba escrita con prisa, y que una lágrima emborronaba la tinta. Cuando reaccionó, le contestó que podía ir cuando quisiera. Bajó a desayunar, y sus tíos ni le miraron. Harry se dirigió a tío Vernon:

-Eeeeeh… ¿Tío?

Vernon le respondió con un gruñido, como siempre.

-¿Puede venir hoy una amiga? En cuanto venga subiremos a mi cuarto y no los molestaremos para nada.

Otro gruñido, que Harry interpretó como un sí. Justo cuando había acabado de desayunar, sonó el timbre. Corrió a abrir. Hermione iba vestida con ropa muggle, y tenía muy mal aspecto. Estaba pálida y tenía los ojos rojos. Preguntándose que le pasaría, la hizo subir a su cuarto. Allí, ella se echó a llorar. Harry se quedó sin saber que hacer. Al final decidió consolarla. Le pasó un brazo por los hombros y preguntó:

-Hermione, ¿Qué pasa?

Ella dejó de llorar y empezó a hablar:

-Esta mañana, cuando estaba desayunando con mis padres, recibí una lechuza. No era ni Errol, ni Hermes, no la había visto nunca. Le quité la carta y la abrí. Era un vociferador anónimo, que me amenazaba diciéndome que me arrepentiría de lo que había hecho, que contaría a todo el mundo mi secreto y que en Hogwarts se vengaría. No tengo ni idea de quién puede ser. Mis padres se asustaron muchísimo, y me dijeron que creían que el mundo mágico era demasiado peligroso y que sería mejor que volviera a un colegio muggle. ¡Quieren sacarme de Hogwarts!

Harry se quedó horrorizado, pero fingió que no le parecía un gran problema.

-Tranquila, se nos ocurrirá algo para hacer cambiar a tus padres de idea. De todas formas, ¿tú le has hecho algo malo a alguien últimamente?

-No, que yo sepa…

-Ni tienes nada que esconder… No tiene sentido, quien te haya mandado el vociferador está loco.

Mientras decía esto, Harry no se dio cuenta de que Hermione se había puesto roja. Estuvieron un rato en silencio, hasta que Harry encontró la solución:

-¡Dumbledore! Le escribiremos una carta y le pediremos que hable con tus padres.

La escribieron y la mandaron. Mientras esperaban la contestación, Hermione le contó a Harry que ella también iba a ir a casa de Ron unos días.

Llegó la hora a la que habían quedado con los Weasley y la contestación de Dumbledore no llegaba, pero no se preocuparon porque sabían que las lechuzas de Hogwarts siempre encontraban a la persona que tenía que recibir la carta. Se despidieron de los Dursley y salieron a la calle a esperar al Sr. Weasley. Hermione estaba muy nerviosa, pero Harry sabía que Dumbledore lo arreglaría. Al poco rato llegó un coche, y por la ventanilla asomó la cara de Ron. A su lado iba su padre, Arthur Weasley. Subieron y enseguida llegaron a la madriguera, donde los recibió la Sra. Weasley. Cuando estaban subiendo a la habitación de Ron, la Sra. Weasley los llamó:

-Hermione, acaba de llegar ahora mismo una carta para ti.

-¡Será de Dumbledore!- dijo muy animada, y la abrió enseguida. Pero no era de Dumbledore. Una voz atronadora llenó la madriguera:

-CON CUENTITOS AL DIRE, ¿EH? ESO NO TE SALVARÁ DE MI VENGANZA, SANGRE SUCIA. TE APLASTARÉ, DESEARÁS NO HABER NACIDO, GRANGER.

Todos se quedaron en silencio. Hermione dejó caer el sobre al suelo. Ginny, Percy y los gemelos bajaron las escaleras corriendo.

-¿Qué era eso?-preguntó Percy.-Así no hay quién se concentre en el trabajo.

Nadie le hizo caso. Lo gemelos se miraron y después miraron a Hermione. Fred le preguntó:

-¿Es el primero que recibes? Ella negó con la cabeza. Estaba asustada. George le agarró del hombro y le dijo en voz baja:

-Tenemos que hablar, ven a nuestro cuarto. Se fueron los tres, dejando a Harry y Ron con la boca abierta. Subieron los dos al cuarto de Ron, donde estuvieron hablando del extraño comportamiento de Hermione y los gemelos.

-¿Desde cuando tienen tantos secretitos?-preguntó Ron de mal humor.

-¿Por qué te molesta tanto?

-¡No me molesta! Pero no se porqué tiene que irse con ellos nada más llegar, en vez de estar con nosotros, que se supone que somos sus amigos.

-No me lo puedo creer… ¡estás celoso, como con Krum el año pasado! ¿Por qué no puedes soportar que esté con otras personas?

-No se… ¿No te parece que ahora es mucho más guapa que cuando entramos en Hogwarts? Como se ha arreglado los dientes y todo eso...

-Espera… ¿Me estás diciendo que te gusta Hermione?-preguntó Harry.

-¡No he dicho eso!-exclamó Ron, poniéndose como un tomate.-Pero…igual si. No digas nada a nadie, y ¡deja de reírte! Como Harry no paraba de reírse, Ron cogió su viejo quaffle deshinchado y se lo tiró a Harry. Éste se lo devolvió, con tan mala fortuna que le dio a Percy en la cara, que había abierto la puerta para decirles que era la hora de comer.

Mientras comían, todos estaban muy callados. Ginny ahogó un grito cuando una lechuza gris dejó caer una carta en el plato de Hermione. El Sr. Weasley la cogió con cuidado y la examinó.

-¿Pone algo en el sobre, Arthur?-quiso saber Molly.

-Si, es de Hogwarts-contestó el Sr. Weasley, devolviéndosela a Hermione.

Ella suspiró aliviada. La abrió, y después de leerla, sonrió. George la leyó por detrás de su hombro. Cuando acabó, también sonrió, y le dio una palmada a Hermione.

-Menos mal, ¿eh? -Dumbledore ha convencido a mis padres.-explicó ella- No me van a sacar de Hogwarts.

-¿Y que dice de los anónimos?-le preguntó Harry- ¿No sabe quién puede ser?

-No, pero yo si.

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